La Sirena y el Marinero

La Sirena y el Marinero

Una dulce y preciosa sirena estaba nadando alrededor de unos arrecifes en un día soleado, y con una temperatura muy cálida, ella siempre emerge desde su ciudad Atlántida para disfrutar la naturaleza que emerge del mar.

La sirena siempre sintió curiosidad por las personas que navegaban en sus barcos que veía desde lejos. En esta bahía secreta en donde se les permitía a las sirenas y tritones reposar en las rocas, en la que era muy difícil que pudieran acercarse algún tipo de embarcación.

En tanto un barco mercante se desplazaba muy rápido a unas 3 millas náuticas de donde se encontraba la sirena real, detrás lo perseguía un barco pirata en la que iba lanzándole disparos de bombas.

Varias de esas bombas alcanzaron al barco donde iba una tripulación repleta de marineros que respondían a la agresión bélica, comenzó un fuego que rápidamente se extendió por la proa, el rugiente bombardeo y el humo despertó el interés de la sirena, que quedó mirando la escena desde lejos.

El barco donde iba el marinero se desplazaba a toda vela y estaba muy dañado, en tanto los piratas continuaban con su pesada metralla disparándole.

Cerca de la desembocadura de la bahía en donde se encontraba la sirena a una media milla náutica, pega un fuerte viraje y cae al mar una serie de cajones que quedaron flotando, y también el marinero en donde se pega fuertemente en la cabeza, y queda inconsciente flotando.

En tanto los piratas continuaban persiguiendo al barco y se olvidaron de los cofres que habían caído al mar.

Al ver esto la sirena sale nadando a toda velocidad hacia el lugar donde había caído inconsciente el marinero. En pocos minutos llega, y esquivando algunos cofres y pedazos de madera, ve que está flotando mal herido el marinero.

Trata de acercarse con cautela, y al verlo inconsciente lo toma de los brazos, y lo lleva nadando hacia la costa de la bahía.

Por suerte el mar estaba planchado, apenas había olas, ya que el viento estaba tranquilo y pudieron llegar sobre un arrecife, luego de un pequeño descanso lo llevó arrastrando sobre una duna de arena, y lo reposó para que descanse.

El marinero está dormido inconsciente y bastante golpeado, la sirenita perpleja de ver un humano tan de cerca la impacto, sobre todo le miro sus piernas, era como algo raro que no tenga una cola de sirena igual a ella.

Trato de curarle las heridas en la cabeza, y con parte de la ropa del marinero corto un pedazo de tela, y se la coloco sobre la cabeza. Luego busco agua dulce de un manantial que ella conocía, y con una vasija le dio agua para beber.

Y así estuvo el marinero dos días recostado y apenas pudiéndose mover, y la sirenita iba y venía hacia su ciudad sumergida para proveerle alimento, y se quedó vigilándolo desde el arrecife para ver su evolución.

La isla de las sirenas

La isla de las sirenas

Desde tiempos inmemoriales la isla de las sirenas conformó una reserva natural secreta, en donde nunca un ser humano alcanzo a conocer, solamente moraban una comunidad de sirenas verdaderas que emergían de su ciudad bajo el mar, para mantener un contacto con el mundo exterior.

Además, se las instruía que no debían alejarse dentro de un perímetro de la isla encantada, para que no sean visualizadas por el hombre, en la que podrían en peligro su hábitat y su medio ambiente.

Sin embargo, siempre les causo curiosidad a las sirenitas saber que hay más allá del horizonte del mar, y sobre todo les intrigaba saber más acerca de las embarcaciones que veían navegar a lo lejos.

Pero fiel a su instrucción trataban de cumplir con lo prometido antes sus antecesores, y se mantenían arreglándose el espléndido cabello sobre las rocas de los arrecifes, como así también entonando una dulce melodía angelical que resonaba en toda la isla.

En tanto en aquel día soleado en la que soplaba una leve brisa, se dio un acontecimiento muy cercano a la isla de las sirenas, en donde se pudo ver una estruendosa persecución que culminó con la caída de un marinero al agua, un hombre con dos piernas de la cual carecían las sirenas, y eso era un signo de curiosidad que siempre las embargo.

Ahora esta sirenita era testigo y también participe de haber tomado una acción de salvataje, que de no haber sido por la bella sirena el marinero se hubiese ahogado en el fondo del mar.

La sirena cantante

La sirena cantante

A pocos metros de donde se encontraba aun descansando el marinero por su golpe en la cabeza, estaba cantando la sirena sobre un arrecife, como siempre su dulce melodía le agregaba notas a un atardecer paradisiaco a la isla.

La bahía se encontraba a varias millas náuticas de donde podían escucharla desde alguna embarcación, sin embargo, su dulce voz glorificaba la costa de la isla, en donde hasta los pájaros posaban en las ramas de los árboles para tan solo escuchar su melodía.

En ocasiones varias sirenas cantando se encontraban recostadas sobre las rocas, en donde golpeaba las olas con sutileza, y todas tenían una melodía mágica que encantaba a la isla.

Poco a poco el marinero comenzó a incorporarse, y a esgrimir pequeños movimientos con su cabeza, apenas podía mover sus parpados que aún los tenía entrecerrados, luego de haber pasado dos días prácticamente inmóvil, después de un tremendo golpe en la cabeza y haber caído al mar.

De tanto en tanto la sirenita dirigía su mirada en donde estaba recostado el marinero y seguía cantando con su fabulosa voz de sirena.

Desde la observación en primera persona del marinero él podía escuchar su dulce voz, y le despertaba curiosidad por intentar abrir más sus parpados para ver de quien se trataba, era el encanto de las sirenas.

Hasta este momento el marinero nunca se había topado de cerca con una sirena, a pesar de que había oído innumerables leyendas de diferentes tipos de sirenas que se hablaba en todo el pueblo.

El marinero era un joven apuesto de unos 25 años que se dedicaba a la navegación mercantil, y en una persecución con unos piratas cazatesoros, fueron alcanzados por su metralla hasta que finalmente cayó al mar golpeado, y quedo con una contusión en su cabeza en la que perdió el conocimiento.

Como si de un sueño se tratara el marinero seguía escuchando una agradable voz, era el canto de la sirena del mar, que si bien era muy dulce ciertas personas quedaban hipnotizadas, hasta que finalmente caían al mar, muchas historias se han contado acerca de este fenómeno.

El marinero trataba de incorporarse, pero tenía muy pocas fuerzas, ya que estuvo recostado unos 2 días, sus brazos estaban débiles a pesar que la sirena se encargó de alimentarlo, y de darle bebida para poder sanarlo.

Era una mezcla de todo, el dolor del golpe en la cabeza, la fatiga que ocasiona cuando uno está cerca del mar, y a eso hay que agregarle que la alimentación quizás no era la adecuada, pero peor le hubiese ido si la sirena no lo hubiese rescatado del naufragio.

Con una borrosa visión al apenas poder abrir los parpados y dirigir la mirada de donde escuchaba esa bonita voz, el sol del atardecer aun lo cegaba un poco más, ya que estaba poniéndose sobre la isla y recortaba la figura esplendida de la sirena cantando.

En un momento y mientras seguía con su dulce melodía la sirenita miro sobre donde estaba el marinero, y vio que se estaba moviendo y queriendo levantar la cabeza hacia ella.

Rápidamente la sirenita se incorporó y dejo de cantar, y con cautela se acercó hasta donde estaba el marinero recostado.

Al dejar de cantar el marinero reposa su cabeza nuevamente sobre la arena, y la sirenita con cierto cuidado y expectativa se acercó, no siempre sorprendida por verle algo extraño que no eran nada más ni nada menos que sus piernas.

La sirena en el mar

La sirena en el mar

Al acercársele sigilosamente al marinero, el da vuelta su cabeza y la mira a los ojos, la sirena se retrae sorprendida. y él le dice:

-¿En dónde estoy? -visiblemente mareado.

-Estas en una isla descansado desde hace dos días, ya que te habías caído al mar desde tu embarcación. -le explicó la sirenita.

El marinero estaba aturdido aún por su golpe.

-Si, algo recuerdo que nos perseguían unos piratas. -comentó el.

-Es extraño que los barcos naveguen por estas aguas. -¿de dónde eres? -preguntó la sirenita.

Ella estaba intrigada por saber quién era, de donde venia, con quien vivía, porque estaba navegando, y muchas preguntas más que quería saber.

-Perdón, pero no nos hemos presentado, disculpa, pero dime ¿quién eres? -le pregunta el marinero.

La sirenita no sabe que responderle, ya que se siente como que es de otro mundo, y no sabe cómo se lo tomaría decirle en verdad quien es, o que es.

-Me llamo Coralie ¿y tú? -le pregunta la sirenita.

-Yo me llamo Jonathan, un gusto en conocerte.

Todo este dialogo estaba dado con el marinero con sus ojos entrecerrados, ya que aún estaba adolorido y aturdido por el episodio que vivió en su embarcación.

-Y que haces aquí conmigo, has curado mis heridas, ¿cómo me encontraste? -le pregunta el marinero.

-Como te comenté, tu habías caído al mar, te rescaté, y te traje hasta aquí. -le responde la sirenita.

-Quiere decir que me salvaste la vida. -le dice mirándola a los ojos.

-Es que al ver lo que sucedió nade hacia ti y solamente trate de que no te ahogues. -le describe la sirenita.

El marinero intrigado le vuelve a preguntar.

-¿Pero cómo llegaste hasta mí?, ¿cómo has hecho para traerme hasta aquí y curarme?

-Es que soy una sire….-y se dio cuenta que el aún no lo sabía y calló.

El marinero aturdido le dice:

-¿Eres qué?

Hubo un momento de tensión e incertidumbre por parte de la sirenita, ya que ella sentía la presión de que no podía mantener contactos con seres humanos, y mucho menos un dialogo. Además, no sabía cómo podía reaccionar diciéndole que era una sirena.

En un momento el marinero se incorpora, saca fuerzas y logra sentarse un poco tambaleándose y muy mareado, y se queda perplejo visualizándole la cola de sirena. La sirenita quedó perpleja e inmóvil, se miraron a los ojos y él le dijo:

-Pero….eres una sirena!!!! -sorprendido, pero con una voz dulce que invitaba a mantenerse calmo.

Para la sirenita fue como una carga menos el hecho de que el marinero ya la había reconocido, sin embargo, se quedó expectante y tímidamente le dijo:

-Si, soy una sirena y pertenezco a esta isla.

De pronto ella pega un giro, y sale a toda velocidad nadando unos metros de donde estaba el marinero sentado aun aturdido, y desaparece debajo del agua. El marinero exclama:

-Pero….Coralie!!! no te vayas!!!

El bullicio del mar chocando los arrecifes, y un coro de pájaros que se escuchaban sobre el atardecer se desvanecía sobre la isla.

El encanto de las sirenas

El encanto de las sirenas

Ya más reestablecido el marinero paso la noche en la isla descansando, y al levantarse muy temprano en una mañana mágica, con una leve brisa de verano que acariciaba su rostro, salió a caminar sobre la playa intentando ver a la sirenita que se había escabullido en el mar.

De pronto desde un arrecife emerge la sirena en el agua esplendorosa y reposa en la roca, el marinero al verla le dice:

 -No temas… soy yo tu amigo!

Intenta acercarse a ella con cuidado, ya que el mar azotaba sobre los arrecifes con fuerza hasta que logra llegar más cerca y se sienta encima de la roca, y se establece un dialogo amigable entre la sirena y el marino.

En un momento la sirenita le dice si quiere nadar con ella, y el accede gustoso, pero con algo de miedo, ya que en esa bahía sabía que tenía gran profundidad.

Y así estuvieron nadando y jugando a gusto sin preguntarse ni reprocharse nada, todo estaba librado al disfrutar de estar juntos, sin importar de que especie era cada uno.

Sobre el horizonte se divisaba una embarcación, que era la del marinero que estaba patrullando la zona en donde él había caído. Estaban de regreso tratando de encontrarlo para llevárselo a casa.

Con cierta pena la sirenita sabía que debía dejarlo ir para que regrese con los suyos, y ella seguir viviendo en su hábitat.

-Muchas gracias por haberme salvado la vida y por este momento tan feliz que he vivido contigo. -le dice el marinero.

La sirenita le responde que ha sido maravilloso conocerlo, y que quizás se volverían a ver algún día.

De esta manera la sirena y el visitante se despiden, y el marinero comenzó a brasear nadando hacia la embarcación hasta que finalmente lo divisaron sus compañeros, y lo rescataron a bordo nuevamente.

Al marcharse a toda popa el marinero se acerca sobre la barandilla, y ve a lo lejos a su mejor amiga que le salvo la vida, y en la que paso un corto pero profundo momento de gran felicidad, y compartió un agradable momento en la vida de las sirenas que jamás olvidará.